Desde su concepción hasta su obsolescencia: La evolución de la jeringa
12 de julio de 2024|
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EljeringuillaEs un dispositivo auxiliar indispensable en la medicina moderna, ya que permite que los fármacos lleguen a la zona afectada con mayor rapidez y eficacia. Su contribución al tratamiento de enfermedades es innegable. La historia de la jeringa es mucho más larga de lo que uno podría imaginar.
Ya en la dinastía Han, el famoso científico médico Zhang Zhongjing documentó en su clásico médico "Tratado sobre enfermedades febriles" el uso del enema para tratar la fiebre y favorecer la evacuación intestinal. El pequeño tubo de bambú que contenía la bilis de cerdo se considera el primer prototipo de la jeringa. Posteriormente, un cirujano egipcio inventó una jeringa para enemas. Los primeros instrumentos para enemas utilizaban vejigas de animales como globos, conectados a tubos para inyectar líquidos comunes a presión. Las jeringas para enemas posteriores se fabricaban principalmente de cobre o vidrio. Estas primeras jeringas no tenían agujas y solo podían introducir el medicamento en los orificios naturales del cuerpo, sin penetrar la piel.
Con el continuo desarrollo de la tecnología farmacéutica, se buscaron otros métodos para administrar medicamentos directamente en el cuerpo, como el uso de ganchos de madera impregnados en medicina o bisturíes quirúrgicos para perforar la piel. Sin embargo, estos métodos resultaron insatisfactorios y conllevaban el riesgo de infección de la herida. El primer registro de una jeringa de pistón data del siglo I d. C., en la época romana, cuando Celso mencionó el uso de una jeringa para tratar complicaciones médicas en sus escritos.
La evolución de la aguja
En 1656, el arquitecto británico Christopher Wren creó una jeringa intravenosa utilizando una pluma y una vejiga animal. Wren necesitaba abrir la vena del paciente, haciendo una incisión lo suficientemente grande como para insertar una jeringa del tamaño de una pluma, y usaba la vejiga animal para inyectar el medicamento. Los experimentos de Wren con animales confirmaron la mayor eficacia de la terapia de inyección, siendo pionero en el tratamiento de infusión intravenosa. Desafortunadamente, este método no se utilizó ampliamente en la práctica clínica, y existía una necesidad urgente de un método de administración de fármacos más eficiente y científico.
En 1844, el cirujano irlandés Francis Rynd inventó la aguja hueca e inyectó con éxito un medicamento a un paciente. Posteriormente, el médico francés Charles Pravaz y el físico escocés Alexander Wood colaboraron en el desarrollo de una jeringa hipodérmica basada en el modelo del aguijón de abeja. La aguja era lo suficientemente fina como para perforar la piel y los vasos sanguíneos para la inyección intravenosa o intramuscular. Este innovador diseño se convirtió en el prototipo de la jeringa moderna. Inicialmente, esta jeringa hipodérmica se utilizaba para inyectar morfina a pacientes con neuralgia para aliviar el dolor. En aquel entonces, aún se estaba investigando la dosificación de los fármacos inyectados en comparación con los orales, y la esposa de Wood sufrió una sobredosis durante un tratamiento intravenoso para la neuralgia. Wood aprendió de este incidente y añadió una escala a la jeringa para controlar con precisión la dosificación, perfeccionando aún más los detalles de la jeringa.
Sin embargo, el uso repetido de jeringas sin esterilización completa conllevaba riesgos significativos de infección, y un número creciente de enfermedades transmitidas por la sangre se vincularon a inyecciones inseguras. En la década de 1940, una empresa farmacéutica inglesa fabricó una jeringa totalmente de vidrio con cilindros y émbolos reemplazables. Los componentes podían desmontarse, esterilizarse y volver a ensamblarse para su reutilización. A partir de la década de 1950, surgieron sucesivamente jeringas de plástico esterilizables por calor, jeringas de plástico desechables y jeringas con aguja desechable.
De "Agujas" a "Sin agujas"
En 1992, se aprobó la comercialización de la primera jeringa sin aguja para la inyección de insulina. En 2012, se lanzó una jeringa sin aguja que, en realidad, era un inyector de chorro de alta velocidad y alta presión. Al encenderse, el interior del inyector genera un potente impulso que propulsa el fármaco a una velocidad cercana a la del sonido en el aire, penetrando la piel y entrando en el cuerpo.
Las nanomicroagujas son una jeringa "alternativa" que consiste en un nanochip recubierto de microagujas y un parche impregnado con medicamento. Al utilizarse, se aplica sobre la epidermis y el fármaco puede abrir la barrera cutánea, permitiendo que los fármacos de moléculas grandes entren directamente en el cuerpo sin tocar los nervios dérmicos ni los vasos sanguíneos, lo que reduce considerablemente el daño a la barrera cutánea y logra una administración indolora y no invasiva.
Sin embargo, el elevado coste de fabricación de las nanomicroagujas aún no ha propiciado su uso clínico generalizado, utilizándose actualmente con mayor frecuencia en el ámbito cosmético. Quizás algún día, las nanomicroagujas se utilicen ampliamente en la práctica clínica, convirtiendo las inyecciones en una experiencia positiva para los niños y aliviando la preocupación de los pacientes diabéticos por las marcas de inyección que quedan en su cuerpo tras inyecciones a largo plazo.







